La gestión del riesgo exige un esfuerzo constante que debe empezar desde el principio del proyecto. A continuación se van a describir las palancas principales que permiten controlar los riesgos de las estructuras de producción.
La gestión del riesgo empieza al origen del proyecto. La elección del sitio y su adecuación con las estructuras de producción acondicionan el nivel de riesgo y la viabilidad del proyecto. Esta elección es crucial porque irreversible.
La ordenación de la concesión, el diseño y el dimensionamiento del sistema de fondeo, deben permitir asegurarse de que las elecciones sean razonables y proponer soluciones técnicas para su aplicación. Se considera habitualmente que los datos de corriente que se deben tomar en cuenta en el dimensionamiento del proyecto son las velocidades máximas registradas en el sitio durante un periodo de 10 años. Los datos que se deben tomar en cuenta para las olas y el mar de fondo son las alturas significativas máximas registradas en el sitio durante un periodo de 50 años. Estos datos casi nunca serán disponibles.
En el mejor de los casos se podrá, quizás, encontrar datos registrados en zonas cercanas (o no muy lejanas) pero probablemente cubriendo un periodo de tiempo insuficiente. En el peor de los casos, no se dispondrá de ningún dato.
Por lo tanto habrá que basarse a menudo en datos de modelización que aporten estimaciones de las condiciones de mar y de corriente MAR ADENTRO. Estos datos proceden de modelización del viento que procede a su vez de campos de presión. Los datos para un sitio costero específico tendrán que ser extrapolados de los datos para mar adentro, de la batimetría y de la línea de costa.
Pero ¿Es más arriesgado instalarse en un sitio muy expuesto pero conocido o en un sitio menos expuesto sin datos disponibles?
Decimos que:
Sabemos que un buen diseño y dimensionamiento del fondeo no garantiza al 100% la ausencia de daños a largo plazo. Sin embargo, para mantener el riesgo a su nivel inicial, durante todo el tiempo de actividad del sitio, tenemos que proceder a realizar tareas de mantenimiento y sustitución de los componentes desgastados. Estas tareas serán correctas solo si permiten mantener el desgaste de todos los componentes a un nivel compatible con los coeficientes de seguridad utilizados durante el dimensionamiento. Cabe destacar que existe siempre un eslabón más débil que tiene un factor de seguridad inferior a los del resto de los componentes; es importante identificarlo.
ponen de manifiesto que el proyecto en su estado inicial, sólo representa un nivel de riesgo aceptable que se trata de mejorar gracias al conocimiento de las interacciones entre el sitio y las instalaciones, adquirido por el equipo que se encargará de la gestión de éstas. Esta fase consiste en adaptar las instalaciones a la realidad sobre el terreno.
Por último, en el caso de que las instalaciones hayan sufrido daños, el riesgo de pérdidas será proporcional al tiempo de intervención antes de la reparación. Por supuesto el conocimiento y la experiencia permitirán ahorrar valiosas horas, pero un problema de stock de material de recambio insuficiente podrá provocar un retraso de varios días para su reposición. El stock de seguridad es fundamental en la reducción de los riesgos. Cabe destacar que los umbrales de mínima del stock de seguridad tendrían que ser reevaluados periódicamente y hacer parte del plan de mejora continua.

La elección del sitio no debe imponer a las estructuras de producción el trabajar siempre al límite de sus capacidades. El dimensionamiento de las instalaciones debe garantizar el buen funcionamiento mientras las condiciones estén conformes a las previsiones. El mantenimiento debe permitir a las instalaciones no perder resistencia más allá de lo definido por los factores de seguridad. Cada ciclo de mejora continua contribuirá en reducir el riesgo, adaptando las instalaciones a la realidad de su entorno. Como último recurso, un stock de seguridad pertinente optimizará la capacidad de intervención del equipo.
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